Patrocinador destacado

Novedades

Una puta con conciencia

EL NOMBRE DE ESTA CHICA tan interesante es Verónica Meléndez Coronado. Ya he publicado en Facebook y en mi blog Forja Poética cosas sobre ella, alrededor de ella, inspiradas por esta veinteañera de extracción humilde que un buen día decidió convertirse en teibolera en Monterrey, se prostituyó con cinismo resignado, por voluntad propia, no forzada por nadie; más por gusto que por necesidad. Y de ese modo, como muchas otras de su condición, solventó sus gastos escolares y los del conjunto de su familia. Rápidamente se hizo popular y, para descontento e incomodidad moral de muchos, en especial entre jóvenes púberes quienes han visto en ella un "ejemplo" de superación tanto como de rebeldía frente a la "incomprensión" del mundo adulto y la injusticia que leen como implícita en este.

Ha sido musa de varios de mis poemas. Tengo la fortuna de conocerla en persona e íntimamente y, en vivo como por escrito, en la cama como en las redes sociales, casi igual que a otras como ella pero de forma más específica, le he expresado más de una vez lo que me provocan su mirada, su piel, su cuerpo, su sonrisa, su desparpajo, su alma bondadosa, tierna, sutil, su calidad de puta orgullosa de serlo a despecho de las buenas conciencias.



Ha estado, literal, metafórica y discursivamente en boca de tantos, lo mismo de gente de buena voluntad como de mal intencionadas lenguas.

Es de las vlogueras más vistas y seguidas en YouTube, causa de polémicas y escándalos, la cereza del pastel capaz de levantar el raiting de canales en línea, de televisión restringida o más recientemente, como veremos pronto, de la televisión abierta por conducto de la invitación de Israel Jaitovich a su programa de entretenimiento en Televisa (lo que pondrá a pensar a más de un calenturiento que las modelos, edecanes y artistas que pasen por ese foro tal vez sean tan discretas como putas, llevando esa complicada doble vida de la meretriz). Pero ante todo es una mujer, una joven con ganas de vivir y dejar huella a su paso.

Quiero dejar claro que esto que ahora escribo no ha de tomarse de ninguna manera como una justificación apologética de la prostitución, la que por otro lado tampoco me espanta. Mucho menos a la idea asociada por algunos desorientados que se empecinan en asociarla indefectiblemente con la trata de personas, como si fuera la única manera como puede darse. Tampoco se tratan estas palabras de una cínica manera de mirar de soslayo el "mal ejemplo" que puede significar una persona que se comporta en los linderos de la propiedad y la "decencia" para las maleables mentes de los infantes, esos que en sus visitas a pueblos y ciudades la detienen para solicitarle autógrafos, regalarle dibujos, pensamientos, muchas veces justo de la mano de su madre o su padre, quienes también pueden admirarla tanto como ser sus detractores, muchos de ellos, hay que acentuarlo, de férrea creencia cristiana o católica.

Tener una amistad con una dama, parafraseó al Papa Francisco en su contestación a una pregunta sobre la relación afectiva de Juan Pablo II con su amiga Anna-Teresa Tymieniecka, no tiene nada de particular, incluso es sano. Sí, seguro más de uno me revirará el concepto alegando que Verónica o Mujer Luna Bella, como es su nombre de batalla, no es "digna" de ser considerada una dama, siendo puta como es y se asume. Pero quien argumente tal cosa a la luz de chabacanos conceptos cortesanos medievales pasará desapercibidas, más si es de tradición cristiana o católica, las enseñanzas bíblicas y evangélicas acerca de la dignidad humana. ¿Jesús no se acercó sin prejuicios y con el perdón en la mano a la adúltera y a la hetaira? (https://www.aciprensa.com/noticias/texto-completo-rueda-de-prensa-del-papa-francisco-en-el-vuelo-de-regreso-de-mexico-98211/).

Ha explorado de pasadita la producción de videos pornográficos en México. Aspira a ser empresaria, escritora. Le he ofrecido mis oficios en esto último. ¡Qué mejor que enseñar a mi musa los secretos que ella misma desconoce cómo despierta en un escritor modesto como un servidor!

Ha conocido la crueldad humana, ha padecido la soledad impuesta por los vicios, el asco de amar sin ser amada, el deseo de coger por coger, cuando y donde sea, así a jóvenes vigorosos como a maduros lascivos o esos otros, los menos, que en nuestras caricias prodigamos esa rara mezcla atractiva de la lujuria delicada, sensual, seductora y comprensiva, solidaria, ansiosa de llenarnos, de recuperar la juventud que comienza a ser un rasgo de memoria.

Sobre esto último he hablado con Verónica y con otras chicas éscorts a quienes hube entrevistado para mi proyecto de novela que sigue encajonado y, sí, por supuesto, por otras razones más personales mías.

Verónica, extraordinaria amante, se ha definido como una mujer inquieta, curiosa, ávida de saber, de servir, ninfómana sin remedio con igual gusto por las mujeres y los hombres, si bien prefiere, como ella dice, la verga en su interior y venirse a chorros, soltando ríos de afán contenido. Pero también declaró que dejaría la "putería", como la llamó. Más tardó en anunciarlo que en volver a ella, llevada por sus ansias y su personal búsqueda, la misma que la ha conducido por caminos de reflexión, introspección mediante las más bizarras creencias y prácticas, yendo al monte a probar el peyote de la mano de un chamán, adentrándose en el maternal calor de un temazcal para reencontrar su divina, lunar esencia.

Hoy goza del amor de un aparentemente buen hombre, cristiano, sin que por ello dé trazas de enmendarse si esto le significa modificar su esencia. Un hombre que, aun cuando le montó una habitación en su casa, en Acapulco, al solicitarle ella que le instalara un tubo para practicar su Poll Dancing se escandalizó de solo pensar en la reacción de su familia. El amor siempre está sujeto a pruebas.

La ambición constructiva de Verónica le ha permitido construir y remodelar su casa, cuyo proyecto ha levantado su padre, un modesto albañil.

Su historia definitivamente es parte crucial del personaje central del libro que voy pergeñando, aun desdibujado. Es una puta a la que me atrevo a decir que amo, no en el sentido sentimental (que bien podría hacerlo si ella estuviere dispuesta), sino en uno más humanista por el cual se comprende que, lo valioso de la persona no son sus palabras ni sus actos, sino su luz, la que es reflejo de lo que de divino hay en cada uno de nosotros.

Como en el poema donde se nos dice que una rosa es una rosa es una rosa, en la redundante vulnerabilidad humana Verónica es mujer y es luna y es bella y es puta y es divina. Motivo más que suficiente para meditar sobre la hipocresía y la distorsión que la moral ha hecho de la decencia al separarla de lo ético.

Ignoro si podríamos en un futuro llegar a considerarla una Xaviera Hollander de petate y zacate, pero sí ya va siendo un referente antropológico de lo humanamente deseable (como quiera que gustes leer esta frase final, amigo lector).

(Fotos: Perfil Facebook de Verónica Meléndez Coronado "Mujer Luna Bella")